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Fases del Placer en la Mujer

Domingo, Marzo 25, 2007

  Si estamos en armonía con nuestros cuerpos sabremos que la respuesta sexual recorre varias etapas identificables: deseo, excitación, clímax y resolución que se acompañan de cambios corporales. Lo que no se sabe tan bien es que aunque estas etapas transcurren en hombres y mujeres en el mismo orden, y en gran medida de la misma manera, hay diferencias esenciales. En las mujeres, las respuestas se obtienen en general a partir de estímulos diferentes que tardan más tiempo en obtener respuesta, pero los efectos son más prolongados y pueden repetirse con mayor rapidez. Los cambios son reversibles si alguna de las partes se distrae.

EXCITACIÓN

El deseo, el reconocimiento de que nuestros sentimientos y sensaciones están tomando un sesgo sexual, se inicia en el cerebro. Éste envía al cuerpo mensajes que provocan los diversos cambios que conducen a la excitación.

Cuando una mujer se excita sexualmente, su respiración se hace más rápida y su corazón se acelera. Sus labios se tornan rosados, las pupilas se dilatan y sus pezones se ponen erectos. A medida que la excitación aumenta su piel adquiere un tono rosado y se enciende, comienza a sudar y sus pechos se hinchan al llenarse con sangre.

Pero la primera respuesta de la mujer a la estimulación sexual, la que invariablemente es táctil, es la lubricación vaginal, que `puede iniciarse entre 10 y 30 segundos después de haberse iniciado la excitación. Gotitas aisladas de “mucus” lubricante aparecen intermitentemente a través de los pliegues de las paredes vaginales, como una forma de sudoración. Aunque el clítoris es el foco principal de la respuesta sexual femenina, la reacción de este órgano es más lenta y de ningún modo comparable a la velocidad de erección del pene.

A medida que la excitación sexual aumenta, las gotitas se unen para formar una capa lubricante suave y deslizante que cubre toda la superficie interior de la vagina, lo que permite una penetración en extremo fácil. El “mucus” lubricante puede aparecer en cantidades abundantes a pesar de la ausencia de glándulas en las paredes vaginales, y se piensa que se origina a partir del enorme aumento de flujo sanguíneo que se inicia casi al mismo tiempo que la excitación sexual. No se ha descubierto ningún otro origen, pero casi con toda seguridad la respuesta no es hormonal, dado que también ocurre en mujeres que se han sometido a una histerectomía completa (extracción de los órganos genitales internos).

La velocidad de respuesta del clítoris depende de si ha sido estimulado directa o indirectamente. La respuesta más rápida depende de la estimulación del área del clítoris o del área del monte. De la estimulación indirecta, incluyendo la manipulación de otras zonas erógenas, como los senos o la vagina, sin contacto directo con el clítoris, se obtiene también una respuesta definida aunque más lenta.

La única forma directa de estimulación es el tacto con los dedos, boca o pene erecto, y la mayoría de las mujeres requieren algo más que la penetración para alcanzar el orgasmo. Debido a su posición, el clítoris no recibe estimulación directa durante el coito, y los movimientos propios del pene son con frecuencia insuficientes para excitarlo hasta el orgasmo. Sin embargo, la estimulación indirecta del clítoris sí puede realizarse con la acción del pene. En cada posición del coito, el cuerpo del clítoris debería ser empujado hacia abajo y luego dejado en libertad, además de producirse la estimulación vaginal y de los senos.

A medida que la excitación sexual aumenta, la forma de la vagina cambia y se va adaptando para la penetración. Los dos tercios interiores de la cavidad vaginal se alargan y distienden; algunas veces se producen movimientos expansivos. En mujeres intensamente excitadas, esta distensión es notable. El cuello del útero y el útero son empujados hacia atrás y hacia adelante dentro de la pelvis, expandiendo posteriormente el extremo superior de la vagina.

Al mismo tiempo, el color de las paredes vaginales se modifica. En condiciones normales, la vagina es de un tono rosa oscuro, pero cambia lentamente hasta alcanzar un matiz púrpura más oscuro a medida que se incrementa el flujo sanguíneo en la misma.

FASE DE MESETA

En el estado preorgásmico la vagina está tan distendida que todos los pliegues de la pared están estirados y aplanados y su recubrimiento es menor. En la penetración, el tercio exterior de la vagina se dilata con sangre, y esta distensión puede ser tan grande como para reducir hasta en un tercio la parte inferior de la misma. El aumento del flujo sanguíneo provoca la dilatación de los labios mayores y menores, que se separan, se elevan y se vuelven hacia el exterior.

ORGASMO

No ha sido posible estudiar los cambios orgásmicos que tienen lugar en el clítoris debido a que éste se retrae bajo la cavidad formada por los labios menores. Sin embargo, los cambios en la vagina son mucho más fáciles de estudiar. El tercio exterior de la cavidad vaginal se contrae de forma regular durante el orgasmo, por lo general con una frecuencia de tres a cinco y hasta un máximo de diez a quince contracciones en intervalos de ocho décimas de segundo. Después de las primeras tres a seis contracciones, el intervalo de tiempo entre ellas se prolonga. Cada contracción constituye un intenso placer y esas fantásticas sensaciones desaparecen cuando las contracciones disminuyen. La duración de las contracciones orgásmicas, su grado y el intervalo entre ellas varía en cada mujer y de un orgasmo a otro. En ocasiones, cuando los niveles de tensión son más elevados, el orgasmo puede comenzar con una profunda contracción que dura de dos a cuatro segundos antes de que el espasmo muscular se transforme en una contracción muscular que dura menos de un segundo.

Durante el orgasmo, el músculo uterino se contare y las bóvedas se expanden formando una cámara para recibir el esperma.

RESOLUCIÓN

Después del orgasmo la vagina requiere algún tiempo para recuperar su apariencia normal. Pueden transcurrir de 10 a 15 minutos antes de que la vagina recobre su coloración básica y sus pliegues desaparezcan.

El clítoris vuelve a su posición saliente normal entre 5 y 10 segundos después de haber cesado las contracciones orgásmicas, y la falta de coloración de los labios menores desaparece con la misma rapidez: en realidad estos dos procesos se asemejan a la pérdida de erección tras el orgasmo masculino. Para que desaparezca la tumescencia del glande del clítoris se requiere un proceso relativamente lento que puede durar de 5 a 10 minutos, aunque en algunas mujeres, puede prolongarse hasta media hora. Si no se alcanza el orgasmo el clítoris puede permanecer erecto varias horas después de la actividad sexual.

Fases del Placer en el Hombre

Domingo, Marzo 25, 2007

La unión sexual placentera depende de que se atraviese por las etapas que resultan en la erección que se requiere para la penetración, la estimulación del pene, el orgasmo mismo, la gradual disminución de las respuestas del cuerpo y la recuperación del estado normal.

EXCITACIÓN

Cuando un hombre se excita, sus reacciones, como las de la mujer, no se limitan únicamente a sus órganos sexuales. La excitación comienza en el cerebro cuando un hombre se excita por algo real o imaginario. Así, la estimulación masculina es causada predominantemente por estímulos visuales: al “varón” le trastorna la ropa y el maquillaje, así como ver cuerpos femeninos desnudos o semidesnudos. Las experiencias de un hombre lo condicionan con rapidez; objetos y circunstancias relacionados con el sexo también pueden provocar la excitación. De esta manera, y sin contacto físico alguno la excitación masculina se produce rápidamente.

Los mensajes trasmitidos por el cerebro a través de la médula espinal provocan el flujo de sangre hacia el pene, lo que produce la erección. El miembro masculino, que en reposo permanece flácido y colgante, se convierte en un órgano palpitante, rígido, erecto y con venas prominentes.

Por medio del control cuidadoso de la variación e intensidad de las técnicas de estímulo, la erección puede mantenerse por periodos de tiempo prolongados o puede perderse parcialmente y conseguirse de nuevo en varias ocasiones durante un periodo de estimulación prolongado.

La erección puede interrumpirse con facilidad debido a estímulos no sexuales, aún cuando la estimulación sexual prosiga. Un gran ruido inesperado, un cambio en la iluminación o temperatura o cualquier forma de distracción mental puede implicar la pérdida parcial, o incluso total, de la erección.

Además de causar la erección del pene, el aumento de flujo sanguíneo provoca el enrojecimiento de la piel aproximadamente en la cuarta parte de los hombres. Este flujo sexual comienza en el abdomen inferior y se extiende sobre la piel del pecho, cuello y rostro. Puede aparecer en los hombros, antebrazos y muslos. Después de la eyaculación, el flujo sexual desaparece con gran rapidez: primero en hombros y extremidades, luego en el pecho y, finalmente, en el cuello y en el rostro.

El pecho del hombre, al igual que el de la mujer, responde a la estimulación sexual. Aunque el patrón es inconsistente, con frecuencia tiene lugar una hinchazón y erección del pezón que puede desarrollarse sin contacto directo y durar hasta una hora después de la eyaculación. Muchas mujeres no saben que los pezones del hombre, e incluso el pecho, pueden convertirse en zonas erógenas si se les da la estimulación suficiente.

El promedio de latidos del corazón masculino se incrementa con la excitación sexual; también se acelera su ritmo respiratorio y se eleva la presión sanguínea. El escroto aumenta de grosor y los testículos se adhieren al cuerpo. Muchos hombres sudan inmediatamente después de la eyaculación, pero no es proporcional a la cantidad de ejercicio físico realizado durante el acto sexual. Por lo general la sudoración está limitada a las palmas de las manos y a las plantas de los pies, aunque puede aparecer en el tronco, cabeza, rostro y cuello.

FASE DE MESETA

Una vez en el interior de la vagina, el hombre comienza los movimientos de penetración; el pene alcanza su tamaño máximo y los testículos se elevan.

Momentos antes del orgasmo existe por un instante una sensación de eyaculación inevitable. Desde el comienzo de esta sensación existe un breve intervalo, a lo sumo de dos o tres segundos, durante el cual el hombre siente que la eyaculación es inminente pero ya no puede evitar, prolongar o controlar el proceso de ninguna manera. Esta experiencia subjetiva de inevitabilidad tiene lugar cuando el líquido seminal se concentra en la uretra prostática, justo antes de que comience en realidad la emisión del mismo. Aunque el orgasmo de la mujer puede ser interrumpido por estímulos exteriores, el orgasmo masculino no puede detenerse hasta que se completa la eyaculación. No importa cual sea la intensidad de las distracciones exteriores: el hombre debe continuar sin tenerlas en consideración.

Justo antes de la eyaculación, el glande puede cambiar de color, y se puede formar una gota de líquido en la abertura uretral del pene. No se trata de líquido seminal sino de secreciones de la glándula de Cowper. A la vez que se elevan los testículos su tamaño se incrementa por los extremos. Llegado a este punto, la dificultad del pene para recuperar su estado flácido aumenta.

ORGASMO

Contracciones recurrentes y regulares de la uretra y de los músculos profundos del pene culminan en la eyaculación y las sensaciones de exquisito placer del orgasmo. La uretra penil se contrae rítmicamente a lo largo e impulsa a presión el fluido seminal por todo el pene, a menudo a distancia. Durante la eyaculación, el esfinter anal experimenta contracciones simultáneamente con las contracciones explosivas de la uretra.

Durante el orgasmo, el pene se contrae en forma similar a la vagina: las contracciones comienzan con intervalos de ocho décimas de segundos y, después de tres o cuatro esfuerzos mayores de expulsión, su frecuencia y capacidad expulsora decrecen con rapidez. Contracciones menores de la uretra peneana pueden continuar expulsando una mínima cantidad de líquido seminal, con escasa o ninguna fuerza, durante varios segundos y de manera irregular. Si un hombre se abstiene durante varios días, por lo general eyacula más cantidad de líquido seminal que cuando ha tenido más actividad sexual. Una eyaculación abundante es en general más placentera que una de menor volumen, por lo que el placer puede ser mayor después de un considerable periodo de continencia que después de repetidos orgasmos. Este patrón representa lo opuesto a lo declarado por las mujeres, que generalmente gozan del segundo o tercer orgasmo más que del primero.

El orgasmo y la eyaculación son dos procesos independientes, y pueden suceder al mismo tiempo o no; es decir, que uno puede darse sin el otro. El orgasmo consiste en súbitas sensaciones placenteras y relajamiento de la tensión, por lo general en el área genital y en otras partes del cuerpo; la eyaculación consiste en la descarga del líquido seminal a través del pene.

RESOLUCIÓN

Una vez concluido el coito, el pene, por lo general, se pone flácido y no podrá tener otra erección durante algún tiempo. Si un hombre retira el pene de la vagina de su pareja inmediatamente después de la eyaculación, su completo desentumecimiento se produce mucho más rápido que si su pene permanece dentro. La micción también contribuye al desentumecimiento del pene, ya que un hombre no puede orinar en erección.

Una vez el pene vuelve a su tamaño normal, el hombre se relaja y con frecuencia se siente somnoliento.

Aparato Reproductor Femenino (II)

Domingo, Marzo 25, 2007

(Ver sexopedia.com.ar/2007/03/25/aparato-reproductor-femenino/)

El cérvix o cuello uterino, tiene una longitud de unos 3 cm. y un espesor de 2,5 cm. Su forma es cilíndrica y la vagina se inserta a su alrededor circularmente aunque en un plano oblicuo más elevado por detrás que por delante. Esto permite dividir al cuello en dos porciones, la supravaginal y la intravaginal. La porción intravaginal es el llamado hocico de tenca.

La cavidad del cuello es fusiforme, con dos cara, anterior y posterior, planas que se apoyan una sobre otra. En ellas hay unos pliegues en forma de hoja de palmera que se denominan “árbol de la vida”.

Tiene la capacidad de extenderse y contraerse para permitir el paso del feto en el momento del parto. También pasa por el cervix el flujo menstrual en su camino de salida a través de la vagina. El esperma, tras ser depositado en la vagina, para por el cervix hacia el útero y las trompas de Falopio. El cervix segrega un fluido llamado moco cervical, durante el ciclo menstrual este moco cambia de aspecto; quienes practican el método natural de planificación familiar lo utilizan como indicador de los días seguros o inseguros para realizar el coito. Se llama método del moco cervical o Billings.

El útero, conocido familiarmente como matriz, es un órgano hueco situado en la parte media de la excavación pelviana entre la vejiga y al recto. Su cavidad comunica lateralmente con la de las trompas y, por abajo, con la de la vagina, órgano con el que se continúa hacia el exterior.

En el útero se distinguen dos partes bien diferenciadas: cuerpo y cuello, ambos unidos por una corta estructura circular o istmo. Cuerpo y cuello forman habitualmente un ángulo obtuso , abierto hacia delante, por lo que se dice que útero está en anteflexión.

La parte anterior del útero o cuerpo uterino, es la más voluminosa del órgano. La forma se asemeja a una pera, cuya parte más ancha se sitúa hacia la parte superior.

Existe gran diferencia de tamaño y peso entre los úteros de mujeres que no han tenido hijos, y las que sí. Por ejemplo el peso en las mujeres nulíparas (sin hijos) oscila entre 45-50 gr., mientras que en las multíparas (con varios hijos) es de 60-65 gr.

La cavidad del cuerpo uterino es relativamente pequeña, aplanada , con las caras anterior y posterior aplicadas una contra otra.

Las trompas uterinas o de Falopio, también llamadas oviductos, son dos órganos huecos, cilíndricos, largos y estrechos, que nacen de los órganos superiores del útero y se extienden hasta los ovarios a los que recubren en parte. El conjunto de trompas y ovarios suele conocerse como anejos uterinos.

Las trompas miden entre 10 y 14 cm. de longitud, y su diámetro va ensanchándose de dentro a fuera, oscilando entre 3 y 8 mm. Toda la trompa posee gran capacidad para la distensión. Las paredes de las trompas de Falopio están cubiertas de estructuras similares a las del cabello, llamadas cilios, que se contraen ligeramente a lo largo de las trompas y ayudan al óvulo en su camino hacia el útero. Es importante resaltar también que cualquier espermatozoide que llegue hasta las trompas de Falopio debe moverse o nadar a contra corriente.

Como se ha dicho las trompas son un órgano hueco, y ello le permite establecer una comunicación entre la cavidad uterina y la cavidad abdominal en las proximidades del ovario.

Los ovarios, situados simétricamente en la cara posterosuperior del ligamento ancho, cerca de la pared lateral de la excavación pelviana, son los órganos más importantes del aparato genital femenino, tanto por su función generadora como por su función endocrina.

Tienen forma ovoidea, un poco aplanada de fuera a dentro, con eje casi vertical en las nulípara, y un tamaño aproximado de 35 mm. de longitud, 20 de anchura y 10 de espesor, con peso de uno 5 gr. El color es blanco-rosáceo, y la consistencia dura. Sin embargo a lo largo de la vida cambia de aspecto, también dependiendo de los partos que haya tenido la mujer. Al nacer la niña el ovario es relativamente grande, en la madurez su superficie se hace rugosa e irregular, y después de la menopausia se atrofia, pudiendo llegar a ser en la mujer anciana tan pequeño como una habichuela.

Una mujer nace aproximadamente con 200.000 óvulos en cada ovario (”ovum” en latín significa “huevo”, “óvulo” sería su diminutivo). Durante los años reproductivos de la mujer se liberan entre 300 y 500 de estos óvulos. Cada óvulo se halla en un folículo, que es una cavidad en la cual puede permanecer el óvulo inmaduro. Cuando el óvulo madura, sale de la cavidad y es expulsado del ovario.

Los senos de las mujeres son órganos relacionados con la sexualidad y la reproducción estrechamente. Hay tres aspectos importantes en relación con los senos: a menudo, proporcionan placer erótico; desempeñan un papel importante en la imagen que de sí misma tiene una mujer y la mujer puede alimentar a un niño con ellos. Los senos de los hombres pueden dar placer, pero tienen poca influencia en la auto-imagen.

La erección de los pezones es una reacción normal a la estimulación. Hasta la menopausia, si la mujer no ha amamantado, la estimulación hará que sus pechos también aumenten de tamaño, al llenarse de sangre sus venas. Los pechos de los hombres no aumentan de tamaño por la estimulación, pero en más de un 50% de los casos presentan una erección del pezón. También el estar desnudo o el tener frío puede hacer que se endurezcan los pezones, sobre todo en las mujeres. Cada pezón posee una aureola a su alrededor, que es una zona oscura cuyo color y tamaño varía en cada mujer. Es normal tener pequeños bultitos en la aureola: son glándulas productoras de aceite, que segregan un lubricante para facilitar la lactancia. Durante el embarazo la aureola se oscurece y permanece así hasta después del parto.

Dentro de cada seno hay de 15 a 25 pequeños sacos productores de leche. La leche que producen pasa a través de los conductos galactóforos hasta el pezón, lista ya para que el niño la succione. Independientemente del tamaño del seno, las glándulas mamarias tienen el mismo tamaño en cada mujer y producen aproximadamente la misma cantidad de leche.



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